Estado de amnesia

 

”Aesthetic echo” del mundo moderno, una forma de “aesthesia”, una percepción de los sentidos como nostalgia de un mundo que no cambia a su resistencia al cambio.

Bateson.

 

Los últimos cambios de planes sucedidos, más quizás en la última década y más concretamente en nuestro país, no nos permiten seguir concibiendo nuestro pensamiento como un objeto ordenado sino más bien como un lugar convexo en el que aparece por la inversión de una pléyade de espacios privados, un objeto de uso para ser usado plenamente e insertarlo, si se puede, en nuestros buenos y malos hábitos.

 

Un ente mutable, superpuesto, difuso y no siempre físico que ahora no debe ni puede ser aprehendido desde una perspectiva convencional, ni tampoco desde la comprensión generalizada y próxima a la síntesis del habitante de la modernidad.

 

Se deberían articular nuevas herramientas que nos permitan pensar en intervenir tridimensionalmente nuestras ciudades, nuestros lenguajes y signos

y nuestras múltiples formas de habitar nuestros cuerpos. Y si tenemos a nuestro alcance tales herramientas, ¿por qué no extraer ras relaciones más complejas y no evidentes entre sus partes, e incluso predecir sus tendencias futuras?

 

¿Cómo solucionar el estado de profunda amnesia que ha producido la pérdida del espacio personal?

 

Nos encontramos en el período donde deberían haber sido superados la posmodernidad con sus aportaciones hedonistas y constructivistas y sus excesos; todo ello debería haber sido superado al igual que las propuestas de los ochenta. Situaciones todas ellas que vendrían a confirmar  la necesidad de un debate sobre la contemporaneidad de la cultura o la crisis del discurso artístico en sus multiplísimas facetas.

 

Algunos y parte de ellos desde pensamientos más optimistas han aportado nuevos planteamientos, abandonando el rigor metodológico y recuperando proyectos con planteamientos tecnológicos de representación; aspectos narrativos que desde el territorio de lo plástico han constituido hasta muy recientemente un espacio acotado en el arte contemporáneo.

 

Propuestas y signos a tomar en cuenta en la búsqueda de alternativas en un panorama de quietud generalizada.

 

¿Permanecemos en el mismo lugar al final o en un nuevo punto de partida?

 

Seguramente, el hecho artístico que se quiera proponer quizá sea el mis o las propuestas de siempre, pero sí es necesario replantearse cómo ver o pensar.

 

El crecimiento de todas estas nuevas tácticas de debate están cambiando nuestro narcisismo de la posmodernidad, girando desde las patologías del ayer a nuevos síntomas de buena salud de hoy.

 

¿Deberíamos quizás prestar más atención a nuestras maneras? ¿O es el propio contexto artístico el que tendría que obligarnos a mirar? Si nos atrae, no podremos resistir su representación.

 

La complejidad de nuestras conductas debería curarnos también de los posibles traumas y enfermedades que Ia cultura genera, un pronóstico de reconstrucción y sutura.

 

“l'm here in front of you”; un debate para el arte invisible y un ejercicio público en el que nos tenemos que ver a nosotros mismos, un lugar para observar y ser observados.

 

Nuestras vidas están cada vez más rediseñadas, somos profundamente convencionales y casi no nos diferenciamos el uno del otro, pero por otro lado esperamos una experiencia vital y esto produce deseo. Necesitamos abastecer al arte de la mitología urbana, necesitamos nuevas y estimulantes propuestas, nuevos ensayos, unir los diferentes hechos sociales que construyen nuestro contexto, algo por otra parte nada bueno, pero a tener en cuenta en todo momento y cada uno de nosotros y desde los diferentes sectores de la cultura. Propuestas para invitarnos a disfrutar más de nuestro espacio personal de dentro y de fuera, de todo aquello que nos haga ser conscientes para Ilegar al arte cercano a las ciudades que habitamos, al lenguaje que hablamos o la ropa que vestimos: para reconocernos y reconocer la identidad de una persona, de una cosa o un lugar.

 

Las herramientas con las que contamos y no son las del hombre “originario” sino las del habitante que se apropia, se re-hace o re-usa, del que se apodera de interferencias en el lenguaje poniendo en práctica sistemas de hibridación. Hasta la imagen del cuerpo es usada como un vehículo implantado, como si este no fuera del todo poseído por el mismo; la ambigüedad del cuerpo como fisura de la cultura, como uno de los más intrincados atributos del discurso contemporáneo.