En el propio terreno de la experiencia y sus consecuencias accidentales, desde donde se elaboran los métodos que me permitirán abordar las inspecciones del «interior» a fin de analizar su configuración y sus transformaciones.

 

Con el material obtenido y nuevos aportes, nos hallamos en condiciones de emprender la exploración más importante, nuestro propio discurso.

 

Se establece un distanciamiento al principio entre mi ejercicio y la propia obra que ahora más que nunca se genera a sí misma. Tan solo serán necesarias unas condiciones físico-químicas y unas relaciones de articulación entre sus términos naturales y los del propio pensamiento.

 

Esta noción constituye en sí misma toda creación mítica y estética, evitando la ambición estructural de relación entre significantes y significados saussureanos. De ahí que la estructura de comunicación no esté subordinada a modelos. Es más bien un carácter instrumental interno y sensible a la naturaleza global de lo «concreto» que se esfuerza por encontrar su equivalencia, su complementariedad, por medio de una reorganización de aquellos elementos.

 

El método que nos proponemos seguir, no es únicamente utilizado porque esté a nuestro alcance lógico, sino porque él nos ofrece una relación motonímica de contacto directo. Aparece aquí entonces, una clasificación para definir su propia conceptualización como relación entre estos términos, reales o virtuales.

 

1. Construir los itinerarios tectónicos de permutación posibles entre aquellos términos.

 

2. Tomar ese itinerario como objeto general unificador a todo el proceso de creación.

 

3. Emerger al final del trayecto y volver a recorrer otro itinerario litológico.

 

Proponemos luego catalogar cada una de las nuevas posibles combinaciones, localizándolas topográficamente y dándoles una numeración hasta LOC. 178.

 

Es por ejemplo, en las fotografías numeradas, donde se designa un objeto único y un lugar permutable dentro de una misma clase, la transparencia fotográfica resulta ser un artificio que nos conduce a tener que volver a reconocer el propio objeto, dando así opción a otra vía no trazada, pudiendo por lo tanto intervenir en un juego ilimitado.

 

Por el simple hecho de manejar signos permutables (aunque enviscados), tenemos ya un nuevo ordenamiento de elementos.

 

Los primeros significados pueden convertirse en nuevos significantes o en nuevos medios y viceversa.

 

Son esas combinaciones el resultado del encuentro de los acontecimientos.

 

En la reversión establecemos un nuevo código de lectura, los útiles empleados para recorrer los itinerarios se transforman ahora en «objetos metáfora» al igual que mis intervenciones, que seguirán siendo de buscador de accidentes, sólo alimentando aquellas condiciones físico-químicas para que sea posible la cristalización de los sulfuros de hierro y cobre.

 

La emergencia, en muchos casos del propio proceso generador, crea unas condiciones propias que nos enuncian que se trata de una perspectiva de lenguaje, escasamente alterable por mi intervención.

 

 

Estas nuevas observaciones las podemos hacer también desde el aire a unos 1.200 pies de altitud. Los itinerarios recorridos a pie son ahora lecturas cartográficas en un mapa localizado por sus coordenadas geográficas LG 7° 0,4', LT 4° 21' N, Y sus condiciones meteorológicas, enviadas por satélite desde Francfort.

 

Pensemos en la habitación de los vientos para ilustrar esta imagen, 200 telex, cubiertos de resina se disponen desordenadamente sobre las paredes.

 

En cada una de ellas aparecen los datos de la inmersión, es decir, humedad y velocidad de vientos.

 

Necesitamos conocer durante todo el itinerario esas alteraciones de contenido, que en definitiva no son más que «accidentes provocados».